La incertidumbre que se cierne estos días sobre la exploración espacial ha salpicado a la Estación Espacial Internacional. Hasta ahora, este laboratorio que orbita a unos 350 kilómetros de la Tierra había sido el mayor ejemplo de colaboración y armonía entre sus socios: EEUU, Rusia, la Agencia Europea del Espacio (ESA), Japón y Canadá. Esto se enturbió la semana pasada cuando Vitaly Davydov, vicedirector de Roscosmos, la agencia espacial rusa, sugirió que la estación sería arrojada al Oceáno Pacífico después de 2020, según Ria Novosti. La fecha marca el límite actual de su vida útil. Terminada esta, Davydov decía que el hundimiento era la única opción, ya que el ingenio se convertiría en peligrosa chatarra espacial.